sábado, 3 de mayo de 2008

Se disputan el estero El Ermitaño en la Costa

La cooperativa pesquera de este nuevo sitio Ramsar, uno de los humedales de importancia internacional de la costa de Jalisco, se enfrenta a empresas turísticas.


Hace algunos decenios salían cien kilos de camarón por noche; hoy, ni uno diario: la contaminación, el crecimiento de la población y la expansión turística dañaron al estero de Tomatlán. Foto: Marco A. Vargas

Agustín del Castillo - PÚBLICO

Hace casi un siglo, “mi abuelo Juan Romero Jiménez ya pescaba en este estero, El Ermitaño”, señala para respaldar su vieja alcurnia artesanal Francisco Javier Romero Segura, secretario de la cooperativa pesquera de La Cruz de Loreto. Qué son cien años. Y, sin embargo, su oficio está hoy amenazado de muerte, ante el largo daño que “el progreso” ha acarreado a este frágil ecosistema.

El “progreso” llegó primero con la construcción de la presa Cajón de Peña, en los años setenta. Además de la brutal deforestación de selva baja y media (más de 30 mil hectáreas) para abrir espacios a la agricultura y la ganadería, con la carga de agroquímicos que toda “revolución verde” trae consigo, el vaso artificial dañó de forma permanente la composición del sistema lagunar, al represar aguas y evitar la llegada de gran parte de los nutrientes naturales que bajaban desde la sierra.

La pesca, de por sí mal planeada, y acosada por el creciente número de habitantes que llegaron al litoral de Tomatlán, comenzó a mermar, las especies escasearon y la contaminación se hizo huésped habitual de este fascinante reino de agua, mangles y médanos.

La tortuga marina, que arribaba por decenas de miles cada temporada al playón de Mismaloya, que separa a El Ermitaño del mar, es emblema de este saqueo exitoso, que las puso en riesgo de extinción.

La pérdida masiva de recursos naturales supuso una severa crisis social entre los moradores, viejos y nuevos, de la región.

En este segundo capítulo, a comienzos de los años ochenta, muchos se fueron a las actividades ilegales, como el cultivo de mariguana, el tráfico de estupefacientes y el secuestro, así como el tráfico con huevos y pieles de quelonios. La ganadería fue otra respuesta problemática: las selvas continuaron en creciente deforestación para abrir potreros a una actividad que, pese a la baja de precios, permitía sobrevivir. El saqueo de especies silvestres tierra adentro no fue menor: matanza de venado, de los ocelotes y jaguares que quedaban, y captura masiva de psitácidos (guacamayas, loros y pericos) para su comercio ilegal.

Con 3.8 kms2 de superficie, el estero de Tomatlán es el segundo de Jalisco


Tercer capítulo. En los años noventa, llegó el turismo. Un empresario de origen italiano creó El Hotelito Desconocido y, aunque dio empleos en La Cruz de Loreto, entró en conflicto con los pescadores y se apropió de zona federal, sin que hasta la fecha sus aguas residuales hayan dejado de contaminar, de forma aleatoria, el cuerpo de agua, según atestiguan los propios pescadores.

Quince años después, ha llegado una segunda empresa, llamada Cruzeto; ha comprado todas las tierras que rodean al estero, las ha cercado, ha llenado de letreros sus veredas, las ha desmontado y anuncia un “rancho ganadero” en una zona ambientalmente frágil. Sus dueños son de origen alemán, pero con administradores mexicanos.

Los miembros de la cooperativa la acusan de pretender quedarse con el control del estero, pues buscaría abrir un campo de golf y cabañas. Soledad Meléndez González, la presidenta municipal, advierte: “Yo ya hablé con los administradores, y les dije que no pueden presentarme ningún plan maestro porque no hay aún plan de desarrollo urbano ni ordenamiento ecológico municipal […] Tampoco vamos a permitir que se cerquen zonas federales, ni que se toque el manglar para ningún proyecto, por más que digan que van a crear empleos”.

El lirio crece en el agua contaminada. La posible explotación de los manglares preocupa a los lugareños.


El Ermitaño fue designado en febrero de 2008 sitio Ramsar como humedal de importancia internacional, según la convención en la materia de la Organización de las Naciones Unidas, que se firmó en la ciudad iraní que le da nombre, en 1971. Eso obliga a reforzar su protección con un programa de manejo que garantice la preservación de su diversidad biológica y de sus funciones hidrológicas, pero también sosteniendo las actividades humanas, la pesca, el cultivo de camarón, los usos recreativos. Nada fácil, pero ése es el compromiso.

“A nosotros nos lavan el coco de que nomás quieren hacer un rancho ganadero, pero les dijimos que, si no iban a trabajar el estero, entonces para qué se están metiendo y nos están provocando tantas broncas”, agrega Francisco Romero.

Admite que, pese a estar constituidos desde hace más de medio siglo, no tienen la concesión de la zona federal, y eso les puede dejar fuera de juego. El último evento de tensiones fue a finales de 2007, cuando acusaron a Cruzeto de destruir manglar. El maestro Antonio Trejo, responsable del campamento tortuguero de La Gloria, acudió a levantar por parte de la Universidad de Guadalajara una inspección de los daños, que se mandó a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente. Luego vino el inspector del organismo, pero no encontró nada anómalo. La alcaldesa, Soledad Meléndez, visitó el área tras las denuncias, y tampoco confirma el presunto desmonte de mangle.

El lirio crece en el agua contaminada. La posible explotación de los manglares preocupa a los lugareños.


“Hay un problema: las instituciones no están actuando de forma oportuna y pertinente ante los problemas que surgen”, se queja el director del Departamento de Zonas Costeras de la UdeG, enclavado en Melaque, Francisco de Asís Silva Bátiz, jefe de Trejo, quien conoce bien el área, pues ya había intervenido en años anteriores para conciliar los derechos de la cooperativa pesquera con la otra empresa turística, El Hotelito Desconocido. No le extraña el modus operandi de los negocios empresariales, pues lo normal es que buscan ganancia al menor costo, mientras no hay mandos gubernamentales que vigilen celosamente su actuar.

“Ellos mismos ponen leyendas y no las respetan; ellos se están chingando el mangle y dice aquí: ‘Protege el mangle’, y éste es mangle y, según la normatividad que existe, esto es zona federal y aquí es donde le están dando en la madre: a todo lo federal”, agrega irritado Francisco, el pescador.

Y mientras está abierto el conflicto con Cruzeto, otro problema apremia a la cooperativa: la pérdida durante dos temporadas de larvas de camarón en la granja acuícola que tienen en el seno del estero. Según los pescadores, esto se debe a la larga herencia de contaminación y el uso de agroquímicos, pero a la presidenta municipal le dijeron otra cosa en la Secretaría de Desarrollo Rural (Seder): que la mortandad se debió a un abrupto cambio de temperatura en el agua, que no resistieron las larvas.

El secretario de la cooperativa acusa directamente a la Comisión Nacional del Agua (CNA) por el mal manejo de los canales de riego y porque persiste en negarles el derecho a manejar las aguas a los pescadores, que son dueños de la infraestructura de regulación que conecta a El Ermitaño con la laguna costera de Agua Dulce.

Los conflictos arrecian en esta nueva fase de la colonización de la antaño feraz Tomatlán. El abuelo de Francisco aquí vivió en un mundo vasto en naturaleza e incomunicado de la civilización, con cosechas de cien kilogramos de camarón por noche. Hoy no se sacan más de 300 gramos. El “progreso” está exterminando el viejo oficio.

A viva voz

Francisco Javier Romero,
Pescador en El Ermitaño

“Ellos mismos ponen leyendas y no las respetan; ellos se están chingando el mangle y dice aquí: ‘Protege el mangle’, y éste es mangle; esto es zona federal y aquí es donde le están dando en la madre: a todo lo federal”

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